domingo, 29 de agosto de 2010

Intentando ser.

Siempre lo supe. Yo tenía algo que me hacía diferentes a los demás, y no era un don o algo mágico que me hiciera especial. Todo lo contrario.


Mientras todos alrededor mío triunfaban en la vida, en el amor, en el estudio o en el trabajo, y algunos en todo a la vez, yo seguía acá, intentando todo una y otra vez. Rindiendo las materias al menos dos veces para poder aprobarlas, enamorándome y desenamorándome de alguno que no lo merecía, siendo la que nunca tenía suerte, la de las ideas malas, la excepción a la regla, a la que nunca nadie elegía o a quien le costaba todo el doble o hasta el triple más que a los demás. Siempre fui a quién le pasaban las cosas más extrañas. Fui el consuelo de los desolados, la compañía de los locos, la desconsiderada de la familia, o tan solo la incomprendida.


Siempre supe que no era igual a todos. Me han llamado y hecho sentir tantas veces la “oveja negra” que ya me estoy acostumbrando, y hasta puedo decir que me gusta. Simplemente soy una loca que va en contra de todos, una loca que sigue sus sueños aunque no tenga con quien compartirlos. La misma que le grita al mundo que está equivocado, que intenta hacer respetar sus derechos e intenta hacerse escuchar. Soy una oveja negra que confía en sí misma como en nadie, que a pesar de tener que remarla contra la corriente no se da por vencida, tal vez porque va contra sus principios, tal vez por darle la contra a todos.

Pero algún día podré recordar que antes de rendirme, fui una joven promesa.

lunes, 5 de julio de 2010

El mundo está loco.

Después de un tiempo presa entre mis cuatro paredes, decidí recorrer ese mundo. Ese que conquistamos juntos, pero esta vez sola, ya sin vos.
Todo ha cambiado aquí afuera, no lo había notado antes pero está todo muy raro últimamente. Recuerdo cuando lo normal era saludar a la gente, cuando la amabilidad y la cordialidad reinaban. Cuando hacer lo correcto no consistía sólo en no asaltar, violar o asesinar a alguien. Hacer lo correcto era ayudar a quien lo necesitara, ya sea a una persona adulta, un ciego o un niño. Hacer lo correcto era disculparse cuando chocabas con alguien, devolver el vuelto que el kiosquero te daba mal. Los diarios informaban, no criticaban. La televisión educaba, y el chisme y escándalo no encontraban espacio.
El mundo se ha vuelto loco. No entiendo qué le pasa a la gente. La apariencia física parece ser lo principal, y normal es quien usa los métodos más insalubres para conseguir la belleza. La mujer pasó a ser un objeto preciado, la perfección se mide con un tal 90-60-90, y la dignidad parece haber tomado un segundo o tercer plano.
¿Cuándo fue que dejamos de hablar para resolver nuestros problemas? ¿Cuándo fue que permitimos que la violencia se usara para callarnos?, ¿cuándo fue que desapareció la conciencia, aquella con quien arreglábamos las cuentas al finalizar el día? No entiendo porqué no podemos aceptarnos todos como somos, homosexuales y heterosexuales, gordos y flacos, inteligentes y no tanto, fuertes y débiles, jóvenes y viejos, hombres y mujeres.
Estoy harta de prejuicios. Dejaré que me llamen “la loca” por sonreír mientras camino, por cantar alegremente en voz alta, por ceder un asiento o por recoger residuos que no son ni míos. Pero lo haré feliz, porque yo sí me aferro a mis convicciones, porque yo sí respeto mis principios, porque sí canto el himno orgullosa, porque estoy convencida de que algo puedo hacer para cambiar esta historia.

domingo, 27 de junio de 2010

Un último adiós.

Estoy aquí, donde me dejaste hace días tras cerrar la puerta de un portazo. Presa entre pensamientos y sentimientos que no hacen más que traer tu recuerdo a mi mente. Más de mil veces me dijeron que éramos el uno para el otro, y hasta llegue a creérmelo. Fuimos tan felices que no logro entender que fue lo que nos pasó.
Fría y solitaria, recuerdo cuántas promesas hicimos en vano, cuántas mentiras piadosas sin sentido, cuántas veces me abrazaste para que no tuviera miedo o me sostuviste la mano para que no cayera. Cuántas cagadas nos mandamos juntos, cuántas veces pasamos desapercibidos, pero no nos importó, porque tenernos el uno al otro nos daba fuerza para enfrentar la vida. Las carcajadas que compartimos, hoy me persiguen por la casa, y el timbre suena haciéndome creer que volviste por mí. Tu perfume impregnado en la almohada se complota con la foto que sacamos el último San Valentín para recordarme lo felices que fuimos. Sí, fuimos.
Creo que llegó la hora. Nuestro viaje juntos al fin del mundo llegó a su fin, nuestros sueños se han desmoronado, nuestras ilusiones se esfumaron y todo lo nuestro ya no existe. Nosotros ya no existimos. Se borraron las pisadas, se mezclaron los caminos, por el motivo que fuere nuestro destino se empeñó en separarnos. Mientras mi Dios me dice por detrás estas palabras: “Este adiós, no maquilla un hasta luego, este nunca, no esconde un ojalá. Estas cenizas, no juegan con fuego, este ciego, no mira para atrás. Este notario firma lo que escribo, esta letra no la protestaré, ahórrate el acuse de recibo. Estas vísperas, son las de después. A este ruido, tan huérfano de padre no voy a permitirle que taladre un corazón, podrido de latir. Este pez ya no muere por tu boca. Este loco se va con otra loca, estos ojos no lloran mas por ti”, tomo fuerzas desde donde ya no tengo para decirte… Adiós.

domingo, 20 de junio de 2010

Sin vuelta atrás..

Hace tres días que no paro de pensar y pensar. No paro de hacerme la misma pregunta una y otra vez. Me está matando. Es común que nosotras nos hagamos la cabeza durante una semana con lo mismo sin llegar a una puta conclusión. Por algo, somos mujeres.

Todo empezó cuando alguien, que en este momento no tiene relevancia, me hizo la pregunta que debería haberme hecho hace días. Desde entonces no he parado de preguntármelo a mí misma: ¿hay vuelta atrás? Desde hace tiempo ya, muchos anhelan la posibilidad de volver el tiempo atrás, como dice Ricardo, de “comprar un boleto de regreso al ayer”. Yo, por el contrario, soy una de esas personas que tienen la convicción de que todo lo que pasa, por algo pasa, y de que nada tiene vuelta atrás. Cometemos errores, y a veces llegamos a sentirnos invadidos por el arrepentimiento. Pero ese es nuestro mayor error. Arrepentirnos.

La vida es corta, y si no aprendemos a disfrutarla, llegaremos al final del camino arrepentidos, de haber gastado toda una vida en vano. Por eso, no me arrepiento. De mis errores aprendo, y si tengo que caer mil veces lo haré. Caeré y me levantaré sonriendo. Haré lo que sea, pero siempre para adelante. No miraré atrás, tan sólo porque no tiene sentido. El pasado no se puede cambiar, pero si se puede usar como enseñanza, como experiencia. Hoy aprendo de mis desgracias y de mis cagadas. Después de todo, son nuestros errores quienes marcan nuestro destino.

Fue así, como, después de días de reflexión me di cuenta que no se puede volver atrás. Eso es engañar al corazón.


Algún día les contaré el porque de mis palabras.