domingo, 22 de mayo de 2011

La estrategia como forma de vida


No te cayes todo el tiempo, sólo cuando no tienes nada importante que decir. No tengas miedo, sólo hazlo cuando no haya nada por hacer. La desesperación no es la mejor forma, pero a veces es la única respuesta que podemos dar. Agoniza por amor, pero nunca llegues tan lejos para decir que mueres de amor. No es bueno mentir, pero si lo hacemos con discreción podemos llamarlas “mentiras piadosas”. El rencor es la peor formar de recordar, pero a veces es inevitable. Huir es de cobardes, pero puede salvarte el pellejo. Admira a alguien, pero no defiendas cada acto que realiza. No idealices más de lo necesario.

El equilibrio es lo esencial. El equilibrio entre verdades y mentiras, entre lo bueno y lo malo. No tienes el derecho a juzgar a nadie, pero tampoco debes ser juzgado. De los prejuicios nunca sale nada bueno, pero aún así es lo primero que hacemos. Aprovecha el día y haz lo que te gusta, no porque pueda ser el último, sino para sentirte bien contigo mismo.

Escuchar a los otros todo el tiempo es bueno, creerles no. Todos vivimos para uno mismo, seguimos nuestros objetivos y anteponemos nuestros propios principios. Los otros, siempre están después. Creemos que los derechos tienen más derechos que las obligaciones.

Suplica siempre y cuando el ruego no surja del odio. Siente miedo cuando éste proceda de la comprensión de las cosas, y no del rechazo a comprenderlas. El vicio no es el único reino de placer, y nunca lo será. Cuando te encuentres solo, se la persona más egoísta de todas. La época de los héroes ya pasó, estamos en la era de la humanidad, y lo humano es imperfecto. Vive con ello. Permítete equivocarte, pero no vivas de error en error. Que tu estrategia no se convierta en tu forma de vida, que sólo sea la estrategia para pasar el momento.

domingo, 1 de mayo de 2011

Música comercial..

Cuando hablamos de música comercial, estamos integrando en este concepto el proceso de comercialización. Cualquier canción o disco que pase por este proceso se puede considerar como música comercial. Un proceso de comercialización incluye desde la distribución hasta la venta en comercios, puestos callejeros, puerta a puerta, vías telefónicas, por internet o por catálogo. Este proceso también incluye un momento de logística y uno de publicidad.

Ahora bien, esto genera un dilema. El dilema de qué música es o no comercial, porque este proceso que acabamos de explicar es muy amplio e incluye muchos aspectos. Sí, toda la música que llega a nosotros a través de los medios es comercial. Pero no sólo ésta lo es. La mayoría de la música hoy en día atraviesa un proceso comercial, puede que no haya sido creada con el objetivo de vender, pero se vende igual. La mayoría se publicita a través de los medios, la mayoría se consigue en CD’s o se descarga por internet en diferentes versiones. De hecho, es gracias a este proceso que podemos escuchar la música que queremos en el lugar que queremos y en el momento que queremos.

Es esta sociedad consumista la culpable de que hoy todo se venda. En las grandes disquerías podemos encontrar de todo. Hoy se vende desde las canciones que representan a los clubes deportivos incluyendo las “canciones de la cancha”, hasta aquellas que en algún momento fueron himnos de protesta. Todos somos parte de esta sociedad, todos consumimos música comercial y todos sociabilizamos a través de ella.

Aún así, creo que todavía hay rastros en algunos rincones del mundo de música que no se comercializa. Música que para mi gusto es la más linda, música que nos acompaña en claros momentos de nuestra vida. Es aquella que toca alguien con su guitarra una tarde de fogón, es aquella que tocan los músicos callejeros para aligerar el peso de nuestro día, música que deberíamos disfrutar, porque le queda poco. Pronto absolutamente todo va a tener un precio.


Feliz día a todos los trabajadores furiosos!!


Foto: www.flickr.com



domingo, 24 de abril de 2011

Marcas que enseñan..


Todos pasamos por momentos duros en la vida. Momentos en los que nos sentimos sumergidos dentro de un hueco profundo, sentimos que es imposible estar más abajo. Tocamos fondo. Allí donde absolutamente todo nos afecta, las palabras llegan hasta el fondo y donde las malas situaciones nos hacen estallar de bronca y tristeza. Todos llegamos al fondo, lo bueno de esto es como muchos dicen, más abajo no se puede ir. En algún momento hay que volver a empezar y volver a subir.

Estos momentos de nuestra vida son los momentos que más nos marcan de por vida, son los que nos convierten en personas más fuertes, son los que nos hacen madurar, a veces a los golpes. Son aquellos momentos en los que crecemos como personas. Es ahí cuando entendemos muchas cosas. Porque la melancolía es sabia. Porque las lágrimas entienden mucho más que simplemente dolor.

Aceptarnos como somos es lo fundamental. Porque la mayoría de las veces no buscamos nuestra propia aceptación, buscamos la del resto, y no me refiero a la aceptación de cualquiera en general, si no de específicas personas que marcan nuestra vida y nuestro destino. Sentimos esa estúpida necesidad de conformar a esos otros con nuestra personalidad, nuestros actos. La aceptación debería ser una consecuencia de la personalidad, no al revés. Y si mi personalidad no logra la admisión, debería ser algo con lo que puedo lidiar.

Poco es el tiempo de felicidad que vivimos comparado al de una vida completa. Pero sentarse a esperar que por fin ese momento feliz se lleve a cabo es desperdiciar la vida. Salir a vivirla después de todo no es tan mala idea. Cada situación difícil que viva va a marcarme más que cualquiera rutinaria, va a marcar mi personalidad, mi forma de pensar y de ver la vida. Son marcas que le dan un giro a tu filosofía de vida, marcas que duelen pero que sanan. Marcas que enseñan.

martes, 12 de abril de 2011

No es fácil ser cordobés..

Me pareció interesante compartir esto con ustedes, fue escrito por una gran escritora cordobesa, Cristina Bajo.

No es fácil ser cordobés

No es fácil ser cordobés, porque nacimos de una desobediencia, porque nos castigaron con una injusticia y porque nuestros fundadores eran algo raros: traían más libros que armas, cargaban vides, limoneros, olivos, higueras y los primeros rosales de la Argentina.

Siendo una de las últimas en fundarse, Córdoba abrió la primera universidad sin descuidar el levantar molinos y fábricas, donar conventos, cultivar la mala vida, dar a luz al primer poeta y propiciar que nuestros paisanos no tuvieran que depender de los terratenientes para vivir. Por aquella desobediencia y aquella injusticia, porque tuvimos que luchar contra políticas nacionales que no siempre veían con tranquilidad que creciéramos, los cordobeses resultamos rebeldes, impacientes, con una gran capacidad de trabajo y una propensión volátil a estallar.

Tenemos a Dios y al diablo en el cuerpo: somos clericales y ateos, populistas, clasistas, conservadores y reformistas, y generalmente marchamos a contrapelo del país.

Eso sí, nunca llegamos en silencio; más de una vez nuestras explosiones, para bien o para mal, han cambiado el curso de la historia.

Esto hace que a veces - no siempre de la mejor manera -, nos mostremos superiores por el solo hecho de ser cordobeses, aunque tenemos a nuestro favor que distinguimos el orgullo de la soberbia, siendo que el primero puede ser virtud, y la segunda siempre es defecto.

Pero si algo nos redime, es el humor. A veces socarrón, otras veces irónico, de vez en cuando agudo y siempre ocurrente, nos emparenta con los andaluces que traían vides, rosas y libros, y con cierta cualidad ladina, buenamente taimada, de nuestros indios. Es este un humor vivo, que abarca todas las clases sociales, que se palpa en los barrios, que florece en las cátedras, que discurre por los pasillos tribunalicios, que parpadea en el médico más serio, en el chico de la calle, en las vecinas primorosas y en los paisanos de a caballo, en moto o en bicicleta.
Como ya dije, no es fácil ser cordobés, pero el humor ayuda.

viernes, 4 de febrero de 2011

Hipócrita, ¿el mundo?


Habiendo representado a los actores del teatro griego siglos atrás, la definición de los hipócritas parece haber sido tergiversada a través de los años. Hoy la hipocresía ha tomado el trono, y es ella quien está a cargo de las relaciones: la nueva moda. Es nuestro combustible social. Parece ser el mundo quien se mueve gracias a su ayuda.


Personalmente no logro entender cómo fue que esto sucedió, ni recuerdo cuándo. Sólo puedo decir que da tristeza salir al mundo y encontrar que la gente sociabiliza con el resto a partir de una mentira. Porque eso es la hipocresía, una mentira.


Hoy por hoy, no entendemos cómo vivimos en un país donde una gran mafia en el poder nos “hace creer” que la inseguridad es una sensación, cuando las violaciones y los asesinatos son cosas de todos los días. Pero la cosa no comienza por entender las acciones del otro. La cosa empieza en uno mismo. Ahí es dónde centra sus bases la hipocresía. En creer que el otro tiene la culpa de lo que me está pasando, cuando ni siquiera recorren mi mente mis errores.


Todos hemos sido víctimas de la hipocresía. Pero todos hemos sacado provecho de ella, y muchas veces. Tantas veces que ya se ha convertido en la forma en la cual nos movemos, nos comunicamos. Porque tanto nos cuesta la sinceridad, porque el coraje esta en extinción en estos tiempos, porque es más fácil. Pero ¿es realmente el modo de vida que preferimos tener? Con tanta hipocresía alrededor ya no se sabe cuándo un gesto es sincero, cuando las sonrisas son reales, ni cuando las palabras son sólidas.


Por mi parte, no estoy tan segura de que sea mi mundo ideal. Alejarme de los hipócritas sería aislarme del mundo, al menos del mío. La verdad es dolorosa la mayoría de las veces, cruel o inaceptable, pero es la verdad. Es lo que vale para mí, es lo que hoy tiene rigidez. En lo que a mí respecta, apoyo las palabras de un gran sabio, “Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía” (Gavinet).

miércoles, 6 de octubre de 2010

Filosofía tiempista,

El tiempo, que determinante tan importante. Una unidad de duración que expresa mucho más que la separación de acontecimientos. Eterno para quienes esperan, y corto para quienes disfrutan del momento. Tiempo piden los corazones rotos para sanar, los amigos para perdonar, las mujeres confundidas para pensar, o el que necesitamos para acostumbrarnos a lo nuevo. Tiempo es el que pide la economía para salir a flote, mientras los niños mueren de hambre a medida que pasan los segundos, o el que no encuentra lugar en el diccionario del medio ambiente.

Todo a nuestro alrededor se rige por el tiempo. Tan sólo si no estuviéramos presos de él, si fuésemos capaces de pararlo, nos sentaríamos a descansar, o a pensar tal vez qué es lo que estamos haciendo mal. Aunque estoy segura de que si fuésemos capaces de volver el tiempo atrás, volveríamos a cometer los mismos errores una y otra vez. Porque somos sus esclavos, pero lo somos consientes.

Es un factor que nos determina como personas. El tiempo que les dedicamos a los amigos. El tiempo que desperdiciamos en lugar de hacer cosas productivas, el que usamos o no en buenas acciones, el que gastamos reflexionando. Tan valioso y tan incontrolable. Sería más fácil si nos levantáramos todos los días con el propósito de disfrutar de cada momento del día, pero estamos muy ocupados en lo que hacemos, lo que no, lo que los otros hacen y dejan de hacer. Estamos enfocados tan erróneamente, que realizamos cosas en pos de un futuro mejor, sin siquiera saber si hay un mañana, y nos estamos perdiendo de lo mejor, de disfrutar el hoy.

Personalmente, prefiero “perder” un poco de tiempo, pero sentarme a tomar unos mates con un viejo amigo, disfrutar de una buena charla, observar un paisaje, leer un libro o escuchar el silencio. Prefiero dedicar mi tiempo a disfrutar de cada segundo, enfrentando la vida con una sonrisa, porque sé que al final del día no voy a ser una víctima más de actos realizados en vano, actos sin sentido, cosas que hicimos por rutina, porque es ella la mejor aliada del reloj. El tiempo corre y a eso no lo podemos cambiar.

martes, 21 de septiembre de 2010

El progresismo argentino.

Hoy quiero compartir con ustedes un fragmento de una nota llamada "Marasmo del progresismo argentino" escrita por Carlos Gabetta que apareció en la última publicación del Le Monde diplomatique que me pareció bastante interesante:

"...el progresismo argentino no encuentra la vía, ni intelectual ni política para analizar como conjunto, apuntando a un armado político transversal, los grandes problemas nacionales e internacionales. Por momentos, da la impresión que siquiera se lo propone. En el gobierno opera el viejo silogismo peronista:
  1. el peronismo es progresista;
  2. todo antiperonista es un reaccionario;
  3. por lo tanto, todo progresista debe adherir necesariamente al peronismo.
Según esta lógica, ningún progresista debería hoy, por ejemplo, reclamar que el sindicalismo se adecente; que la minería, las finanzas y el juego paguen impuestos; una profunda reforma de Estado, o que el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno deje de llevar los guantes de box a sus reuniones de trabajo..."

Por último quiero dejar un saludo a una hermana del alma que cumplió los años ayer. Para ella, mis mejores deseos.